Me hubiese gustado no apostar mi corazón,
porque perdí.
Ahora sin él
y para colmo de males,
sin ti.
¿Mendigar cariño? ¿Quién, yo? Pura mierda.
No más de morderme la lengua para no soltar mis resentimientos y desprecios por unas pocas palabras que ni afectos expresaban. Me harté de tragarme el orgullo yo primero para que todo estuviese bien; dar el primer paso y mostrar mis debilidades, además de una gran estupidez. Como dice Soma, “sólo supe pedir perdón cuando fui inmaduro”.
Ahora si quieren, desean o esperan que todo vaya como siempre, o sea bien, pues se joden, van a tener que esperar SENTADOS a que yo decida si quiero hacerlo o no.
A partir de hoy tengo el control de mi vida y de mis sentimientos. No más ojos aguados frente a extraños con ínfulas de cercanos. Si quiero llorar pues me aguanto hasta llegar a mi refugio, hasta tener intimidad y privacidad
Nadie, nunca más me volverá a pisotear. Lo juro, solemnemente.
Así que vuelvo con todo y el silencio. Forastera en mi hogar y en mi propia piel. No quisiera quejarme, al contrario, desearía estar conforme todo el tiempo, pero no, no encajo en ningún molde y me duele cada parte del cuerpo de intentar ser parte de este puzzle que llaman vida.
Quisiera romper el cristal que deforma la realidad, vencer el miedo y acercarme a los demás. Maldecir en voz alta a todo aquel que logre putearme. Dejar de extrañar ese cachito de aire que entraba por el resquicio de la ventana. Ese que se fue rompiendo poco a poco hace tres años.
Pero no, alguien tuvo que venir a repararlo y a limpiar el vidrio para que la distorsión fuese mayor y no alcanzase a comprender cómo es el mundo allá afuera.
Tal vez esto que pasa en este momento sea lo mejor. Tal vez lo correcto sea que yo esté acá y lo demás allá donde sea que ese “allá” sea.
Y qué digo, me engaño, me miento, me traiciono.
Hago ver como que no me importa una mierda cuando la realidad es todo lo contrario. Cuando mi corazón sangra porque conocí lo suele llamarse “amistad”, tal vez no fuese de esas que duran para siempre, pero al fin y al cabo era amistad.
Y ahora, ahora vago entre océanos de extraños soñando mucho y actuando poco. Puedo comparar mi vida con un robot: automatizada.
Y no aguanto y no sé cuánto más pueda soportar sin que este dolor en el pecho me explote. No sé y tampoco es como si quiera saber.
y el odio se sobrepuso al amor,
la venganza a la compasión,
la indiferencia a la pena;
la guerra a la paz.
aunque nadie dijo nunca que la guerra hubiera acabado
no por completo.
aún quedaban muchas luchas internas
y batallas por intentar ganar.
no hay “salvador”,
quien creíamos que lo era
se convirtió en el verdugo.
de víctima a victimario.
Estoy contigo. Estoy contigo porque quiero estarlo. Estoy contigo porque te amo, así tu no lo hagas.
¿Entiendes eso?