Te cambio un lápiz
por un pensamiento;
Un borrador
por un momento.
Te cambio una palabra
por una mirada;
Mi colección de dulces
por uno de tus bucles.
Te cambio mi canción preferida
por otro de tus días;
Un latido de corazón
por un tú y yo
El que quieras algo no significa que lo vayas a obtener y el que lo tengas no quiere decir que te haga feliz o, incluso, que lo necesites.
Entre lo azul del cielo
te vi,
un rayo plateado que,
alumbrando
eclipsado por el sol,
sigue allí,
imponente y orgulloso
cuál rey del firmamento.
Manchas grises
completan
tu (im)perfecta blancura.
Y yo me pregunto:
¿Qué tienes que me hechizas?
¿Será tu redondez o la brillantez de tu presencia?
No lo sé y eso me atormenta.
Noche tras noche me pregunto lo mismo.
¿La respuesta?
Nunca llega.
No sé hasta qué punto puede aguantar mi fracturada mente;
Si por mi fuera desistiría sólo para encontrarme con tu esencia.
Pero...
no es mi decisión.
Y nunca lo será.
Sólo me resta esperar.
Recordar es una perra. Revivir, volver a sentir es innecesario. A menos que necesites convencerte de algo que no te conviene o no es bueno para vos. Son cosas que sabés pero, a veces, la tentación es tan fuerte que necesitas destapar el caño para que las palabras y sensaciones fluyan, invadan tu cuerpo justo como la última vez que lo hiciste; la necesidad de aquello es convencerte de que estás en lo correcto y que eso es perfecto.
Recordar es uno de esos verbos que molestan: puede parecer inútil y, sin embargo, es realmente necesario.